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La Venta Filosófica

  

Cómo los grandes filósofos pueden convertirte en un vendedor extraordinario

En el imaginario colectivo existen dos figuras que aparentemente viven en mundos opuestos.

El filósofo.

Y el vendedor.

Uno parece retirado en la reflexión, rodeado de libros, preguntas y pensamientos abstractos.

El otro parece vivir en la acción: reuniones, propuestas, llamadas, cierres.

Sin embargo, cuando miramos con más atención descubrimos algo sorprendente.

Ambos comparten una misión profundamente similar.

El filósofo intenta comprender al ser humano.

El vendedor también.

El filósofo dialoga para descubrir la verdad.

El vendedor dialoga para descubrir necesidades.

El filósofo intenta transformar la manera en que las personas ven el mundo.

El vendedor intenta ayudar a tomar decisiones que transformen su realidad.

Quizá por eso algunos de los mejores vendedores de la historia han sido, sin saberlo, auténticos filósofos prácticos.

Porque vender bien exige algo más que técnicas.

Exige comprender a las personas.

Exige escuchar.

Exige pensar.

Exige ética.

Y exige carácter.

Este manual no pretende enseñarte tácticas rápidas ni trucos de cierre.

Pretende algo mucho más interesante:

aprender a vender pensando como los grandes filósofos de la historia.

El vendedor como buscador de la verdad

Existe una pregunta fascinante:

¿Qué busca realmente un vendedor?

Muchos responderían:

cerrar ventas.

Pero esa es solo la consecuencia final.

Lo que un buen vendedor busca en realidad es algo más profundo.

Busca la verdad del cliente.

¿Qué necesita realmente?

¿Qué problema tiene?

¿Qué le preocupa?

¿Qué intenta evitar?

¿Qué desea conseguir?

El filósofo griego Sócrates dedicó su vida a algo muy parecido.

Caminaba por Atenas hablando con ciudadanos, políticos y jóvenes estudiantes.

No daba discursos.

Hacía preguntas.

Y poco a poco, a través del diálogo, ayudaba a que los demás descubrieran sus propias contradicciones y sus propias verdades.

Algo muy similar ocurre en una conversación comercial bien llevada.

El vendedor no impone.

El vendedor descubre.

Sócrates: el vendedor que preguntaba mejor que nadie

Sócrates dejó una de las frases más famosas de la historia:

“Solo sé que no sé nada”.

A primera vista parece una declaración de ignorancia.

Pero en realidad es una herramienta extraordinaria.

Sócrates sabía que cuando uno cree que ya tiene todas las respuestas, deja de hacer preguntas.

Y cuando deja de hacer preguntas, deja de aprender.

En ventas ocurre exactamente lo mismo.

Los vendedores mediocres hablan demasiado.

Los vendedores extraordinarios preguntan.

Preguntan para entender.

Preguntan para descubrir motivaciones ocultas.

Preguntan para que el propio cliente verbalice su problema.

Cuando el cliente formula su problema con claridad, ocurre algo importante.

Empieza a querer resolverlo.

Sócrates llamaba a su método mayéutica, el arte de ayudar a dar a luz las ideas.

Un gran vendedor hace exactamente eso.

Ayuda a que el cliente descubra su propia necesidad.

Aristóteles: el equilibrio perfecto de la persuasión

El discípulo más brillante de la tradición socrática fue Aristóteles.

Y Aristóteles dedicó parte de su obra a estudiar cómo funciona la persuasión.

Descubrió que todo discurso persuasivo se sostiene sobre tres pilares.

Ethos
Credibilidad.

Pathos
Emoción.

Logos
Argumento.

En ventas esto es absolutamente fundamental.

Un vendedor necesita credibilidad para que el cliente confíe en él.

Necesita conexión emocional para comprender lo que realmente importa.

Y necesita argumentos claros que expliquen por qué su propuesta tiene sentido.

Muchos comerciales fracasan porque se concentran solo en el logos.

Datos.

Características.

Argumentos.

Pero olvidan algo esencial.

Las personas no toman decisiones solo con la cabeza.

También con el corazón.

Epicuro: vender es aliviar el dolor del cliente

Epicuro defendía una idea sorprendentemente moderna.

La felicidad no consiste en acumular placeres sin límite.

Consiste en eliminar sufrimientos innecesarios.

Eliminar preocupaciones.

Eliminar tensiones.

Eliminar problemas.

Si lo pensamos bien, eso es exactamente lo que hace una buena venta.

Un producto no se compra por lo que es.

Se compra por el problema que elimina.

Un software elimina desorden.

Un seguro elimina incertidumbre.

Un servicio profesional elimina riesgos.

El error más común de muchos vendedores es hablar demasiado del producto.

Pero el cliente no quiere oír hablar del producto.

Quiere hablar de su problema.

Epicuro nos recordaría algo muy simple:

la venta empieza cuando entendemos el dolor del cliente.

Diógenes: la provocación inteligente

Entre los filósofos griegos hay uno especialmente fascinante.

Diógenes.

Vivía en un barril.

Despreciaba las convenciones sociales.

Y caminaba por la ciudad con una lámpara encendida diciendo que buscaba a un hombre honesto.

Una vez, Alejandro Magno se acercó a él y le dijo:

“Pídeme lo que quieras”.

Diógenes respondió:

“Sí. Apártate, me tapas el sol”.

Diógenes era provocador.

Irónico.

Y profundamente libre.

En ventas existe una lección interesante aquí.

Muchos discursos comerciales son idénticos.

Previsibles.

Aburridos.

Un buen vendedor, como Diógenes, sabe romper el patrón.

Hace preguntas inesperadas.

Introduce humor.

Cuenta historias.

Descoloca suavemente.

Y cuando eso ocurre, la atención aparece.

Y sin atención no existe comunicación.

Séneca: la escuela del rechazo

Si alguien quiere entender la psicología de un vendedor, debería leer a los estoicos.

Séneca, uno de los grandes filósofos de Roma, escribió extensamente sobre la adversidad.

Los estoicos distinguían entre dos tipos de cosas:

las que dependen de nosotros

y las que no dependen de nosotros.

Un vendedor no puede controlar si un cliente compra.

Pero sí puede controlar:

su preparación

su actitud

su constancia

su método

La mayoría de vendedores abandonan demasiado pronto.

Interpretan el rechazo como una derrota personal.

Séneca enseñaría lo contrario.

El rechazo es parte del proceso.

Cada “no” es información.

Cada conversación es aprendizaje.

Cada intento mejora el siguiente.

Descartes: vender también es pensar

René Descartes defendía un método muy claro para pensar correctamente.

Dividir los problemas.

Ordenar las ideas.

Avanzar paso a paso.

En ventas esto se traduce en algo muy simple pero poderoso.

tener un proceso comercial.

Una buena conversación de ventas suele seguir un recorrido lógico.

Primero generar confianza.

Después explorar la situación.

Después comprender los problemas.

Después presentar soluciones.

Después resolver dudas.

Después decidir.

Cuando el vendedor improvisa demasiado, el cliente se pierde.

Cuando existe claridad mental, aparece claridad en la conversación.

Y cuando hay claridad, tomar decisiones es mucho más fácil.

Nietzsche: el fuego interior del vendedor

Friedrich Nietzsche hablaba de la voluntad de poder.

No como dominación, sino como fuerza vital para superarse.

El vendedor necesita algo parecido.

Porque vender exige energía.

Exige entusiasmo.

Exige resistencia.

Muchos días empiezan con dudas.

Muchos clientes dicen no.

Muchos proyectos se retrasan.

Pero el vendedor que cree en lo que hace transmite algo poderoso.

Convicción.

La convicción no se puede fingir.

Se siente.

Y cuando el cliente la percibe, la conversación cambia.

Bertrand Russell: la inteligencia de adaptarse

Bertrand Russell tuvo que defender ideas avanzadas ante audiencias muy conservadoras.

Si hubiera atacado directamente sus creencias, habría perdido inmediatamente.

Pero hizo algo mucho más inteligente.

Buscó puntos de conexión.

Construyó empatía.

Y poco a poco introdujo nuevas ideas.

En ventas ocurre exactamente lo mismo.

Cada cliente es diferente.

Cada conversación requiere adaptación.

Algunos clientes quieren detalles técnicos.

Otros prefieren visiones generales.

Algunos deciden rápido.

Otros necesitan tiempo.

La inteligencia comercial consiste en leer a la persona que tienes delante.

Simone Weil: la venta como acto de servicio

Simone Weil escribió una frase extraordinaria:

“La atención es la forma más rara y pura de generosidad”.

Escuchar con verdadera atención es difícil.

Vivimos rodeados de distracciones.

Pensamos en nuestra respuesta mientras el otro habla.

Pero cuando alguien nos escucha de verdad ocurre algo especial.

Nos sentimos comprendidos.

Valorados.

Respetados.

La venta auténtica nace en ese momento.

Porque cuando el cliente siente que realmente quieres ayudarle…

aparece la confianza.

Y sin confianza no existe ninguna relación comercial duradera.

El vendedor filósofo del siglo XXI

Después de recorrer todas estas ideas aparece una conclusión sorprendente.

Los grandes filósofos no enseñaron técnicas de ventas.

Pero sí enseñaron algo mucho más valioso.

Cómo entender al ser humano.

El vendedor del siglo XXI necesita precisamente eso.

No basta con conocer productos.

Ni con manejar herramientas digitales.

Necesita comprender a las personas.

Sus miedos.

Sus deseos.

Sus motivaciones.

Un vendedor extraordinario es una mezcla de muchas disciplinas.

Un poco psicólogo.

Un poco estratega.

Un poco comunicador.

Y, en cierto modo, un poco filósofo.

El verdadero cierre de una venta

Existe una obsesión en muchos manuales comerciales.

El cierre.

Técnicas de cierre.

Frases de cierre.

Trucos de cierre.

Pero en realidad el cierre no es un truco.

Es una consecuencia.

Cuando el cliente siente que:

el problema está claro
la solución tiene sentido
la persona es de confianza

la decisión aparece de forma natural.

El vendedor no empuja.

Acompaña.

La venta filosófica no busca presionar.

Busca comprender.

Y cuando la comprensión es profunda…

el cierre llega casi solo.

Los principios de la venta filosófica

Podemos resumir toda esta filosofía en diez principios simples.

Pregunta más de lo que hablas.

Escucha antes de convencer.

Comprende el problema antes de presentar la solución.

Construye confianza antes de argumentar.

Conecta emocionalmente antes de persuadir.

Adapta tu discurso al cliente.

Sé claro en tu pensamiento.

No temas al rechazo.

Cree en lo que haces.

Y recuerda siempre algo esencial:

vender no es manipular.

Vender es ayudar a decidir.

Una última reflexión

La venta ha sido injustamente desprestigiada durante mucho tiempo.

Pero si la observamos con atención descubrimos algo interesante.

Gran parte del progreso humano se basa en personas capaces de comunicar ideas, persuadir y movilizar decisiones.

Eso también es vender.

Un profesor vende conocimiento.

Un médico vende confianza.

Un líder vende una visión.

Un emprendedor vende un futuro posible.

Quizá por eso la venta, cuando se hace con ética, inteligencia y humanidad, se convierte en algo muy parecido a la filosofía.

Un diálogo profundo entre dos personas que buscan mejorar su situación.

Y quizá por eso los mejores vendedores no parecen vendedores.

Parecen pensadores.

Conversadores.

Exploradores de la naturaleza humana.

Personas que han entendido algo esencial.

Que cada conversación es una oportunidad para comprender mejor al otro.

Y también para comprendernos mejor a nosotros mismos.

Si has llegado hasta aquí tienes dos regalos; uno es este vídeo y el otro www.filosofiacomercial.com Los dos son para ti.

Felipe Pérez de Madrid

Director Estrategia, Marketing y Ventas en Alberta Norweg. Formador en Ventas y Liderazgo en vasavender.com

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