Si me sigues, sabes que me apasiona el marketing cuando está al servicio de algo importante: mejorar la vida de las personas. Por eso hoy quiero compartir una historia muy especial: la formación en atención al alumno, atención a las familias y comunicación de propuesta de valor que venimos desarrollando desde 2024 con la Fundació Escolàpies.
Un bosquejo rápido: quiénes son y qué colegios tienen
La Fundació Escolàpies forma parte de una tradición educativa de inspiración cristiana que bebe del carisma pedagógico de Santa Paula Montal, pionera en el siglo XIX en la educación de niñas, inspirada a su vez por el legado de san José de Calasanz y las Escuelas Pías. En su propia forma de decirlo: una escuela que humaniza, evangeliza e innova, con una educación integral centrada en la persona.
En el contexto español, muchos de sus centros son colegios concertados: proyectos educativos de iniciativa social que, en determinadas etapas, prestan un servicio público sostenido con fondos públicos, manteniendo a la vez una identidad pedagógica y pastoral propia. Ese equilibrio exige calidad, coherencia y mucha vocación.
La red de la Fundació Escolàpies reúne 10 colegios en Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares:
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Cataluña: Sabadell, El Masnou, Figueres, Igualada, Olesa, Barcelona (Llúria) y Barcelona (Sant Martí).
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Comunidad Valenciana: Valencia y Gandia.
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Islas Baleares: Palma de Mallorca.
Cada centro tiene su personalidad (metodologías, instalaciones, proyectos…), pero en todos se respira el mismo “hilo invisible”: acompañamiento, cercanía y una visión de escuela como comunidad educativa real.
El inicio: un formulario, un nombre y una llamada que conectó
Todo empezó como empiezan muchas cosas: en 2024 recibí en vasavender.com un formulario solicitando información sobre cursos de formación en atención al cliente, con una vertiente también comercial. Venía firmado por Desi Moreno, directora de la Fundació Escolapies.
Cuando la llamé, la conversación fue —de verdad— una llamada muy, muy buena comercialmente. ¿Por qué? Porque conectamos enseguida en lo esencial: lo que necesitaban los colegios era elevar la experiencia de alumnado y familias, y alinear esa experiencia con lo que el centro dice que es y lo que sabemos que ofrece.
Y aquí viene lo que lo cambió todo: en mitad de la llamada le dije algo que no era una frase de vendedor, sino una verdad personal. “Desi, yo adoro los colegios de Escolapias”. Mis hijos han ido a Escolapias. También, mi esposa, mis sobrinos, mi hermana y mi madre. En mi familia, Escolapias es el colegio de nuestra vida.
Yo estudié en Dominicos (en aquella época, Escolapias era solo para chicas y Dominicos solo para chicos), pero he vivido muy de cerca lo que significa esa cultura educativa. En ese instante, la conversación dejó de ser “proveedor y cliente” y pasó a ser “personas que comparten misión”.
Qué trabajamos: propuesta de valor, experiencia y embajadores
Arrancamos con los equipos directivos y lo hicimos online para llegar rápido, alinear lenguaje y construir una base común entre centros. El punto de partida era simple y potente: si vuestra propuesta de valor es diferencial, ¿por qué no la sabe el mundo?
Estos colegios no solo forman en conocimientos: forman personas. Y lo hacen desde una educación cristiana en valores, con acompañamiento real y con implicación familiar.
Tal y como está el mundo hoy, esto es algo diferencial y valiosísimo que no tenemos que perder. Es cierto que cada vez se ven menos monjas, menos frailes, menos curas… pero lo importante es que esa filosofía y esos valores permanecen.
Además, cuando esa forma de educar es sincera —y en mi experiencia lo es— se nota. Se nota en cómo se trabaja con la persona desde que son niños, en el seguimiento, en ese “diario” que muchos docentes llevan con sus alumnos, en que cuando hay un problema se habla, se profundiza, se acompañan procesos. Y se nota también en la implicación de las familias, que no son “usuarios”, sino parte activa de la comunidad.
Y aquí entra algo que yo decía medio en broma, pero con fondo: “yo a los alumnos les llamo clientes… y a sus padres también”. Porque hay expectativas, decisiones, recomendaciones y comparación. Y cuanto mejor atendemos, mejor educamos.
El objetivo era claro: conseguir que toda la comunidad (alumnado, familias, profesorado) pudiera convertirse en embajadora de esa propuesta de valor que ya existe dentro… pero que muchas veces no se comunica fuera con la fuerza que merece.
De directivos a profesorado y alumnado: formación práctica y planes de acción
La secuencia fue deliberada. Primero, una formación para todos los directores y directoras, para que la vieran, la testaran y comprobasen que era útil. A partir de ahí, la hemos ido desplegando por el resto de colegios.
El enfoque ha sido muy práctico: habilidades de comunicación, escucha, trato, manejo de situaciones difíciles y coherencia entre lo que se promete y lo que se vive.
Y lo más importante: no queríamos “una charla” que se olvida. Queríamos movimiento. Por eso se han creado planes de acción en los centros, y también dinámicas con alumnado, para trabajar habilidades de comunicación y atención que, en el fondo, son habilidades de vida.
Cuando la atención al alumno y a las familias se trabaja como una competencia, mejora el clima, mejora la relación y, por supuesto, mejora también la reputación del centro.
Lo humano: recorrer los colegios y sentir el mismo ambiente
En estos dos años he tenido la suerte de poder recorrerme casi todos los colegios. Y me quedo con una sensación común: siempre he encontrado el mismo ambiente.
Incluso en los detalles. Algunas sesiones han sido entre semana y otras en fin de semana. Y siempre, en el descanso, había ese gesto familiar que dice mucho de una casa. En unos, bizcocho casero y café. Este fin de semana, en Palma de Mallorca, ensaimadas (como tiene que ser).
Y también hay algo precioso: la arquitectura. Colegios con edificios con historia, con sabor, con esa mezcla de tradición y utilidad. Me recordaban, salvando distancias, a esas instituciones inglesas donde el tiempo se nota, pero la escuela sigue viva.
Y lo mejor: detrás de los muros, personas con vocación, con ganas de mejorar, con una visión de futuro clara.
Resultados y agradecimiento
El balance es muy claro: las evaluaciones han sido buenísimas. Las mías, las del profesorado y las del alumnado también. Y cuando encajas perfectamente con un cliente —y más aún con una institución con la que tienes vínculo emocional— todo fluye.
Quiero agradecer a la Dirección General, a Desi Moreno, a todos los equipos directivos, al profesorado y al alumnado la confianza, el cariño y la seriedad con la que habéis trabajado cada sesión. Para mí ha sido un regalo profesional y personal.
Y lo digo de corazón: si tuviera que volver a elegir colegio para mis hijos, los llevaría. Es que ya los he llevado.
Si eres un colegio concertado, hablemos
Si formas parte de un colegio concertado (religioso o no) y sientes que vuestra propuesta de valor es potente pero no llega, o que la experiencia de familias y alumnado puede dar un salto de calidad, me encantará ayudarte.
Podemos trabajar, entre otras cosas:
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Formación en atención al alumno y a las familias (experiencia “de principio a fin”).
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Comunicación y habilidades relacionales para profesorado y equipos.
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Propuesta de valor y activación de embajadores (familias, alumnado, antiguos alumnos).
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Planes de acción prácticos para que la mejora se note en el día a día.
Se trata de conectar mejor con las personas a las que servimos, cuidar la experiencia educativa y hacer visible lo que ya sois por dentro.
Si quieres que lo hablemos, escríbeme desde el formulario de contacto de vasavender.com. Estaré encantado de ayudaros a conectar mejor con vuestros clientes, vuestros mercados y a conseguir que la atención al alumno y a las familias sea excelente. FORMULARIO DE CONTACTO